Cáncer y pseudoterapias: más mortalidad, menos oportunidades

Publicado por Fede Montes en

Debido a los mensajes anticiencia en redes sociales, situaciones de vulnerabilidad emocional y económica, e imagen idealizada de lo “natural”, mucha gente con cáncer se plantea si puede cambiar la quimioterapia por suplementos, infusiones de hierbas milagrosas, megadosis de vitaminas o acupuntura, o al menos, combinarlo todo para ir «sobre seguro».

Un nuevo estudio señala que esa decisión puede, literalmente, costar la vida de esas personas en un porcentaje muy alto.

En marzo de 2026 se ha publicado en JAMA Network Open un análisis de más de 2,1 millones de mujeres con cáncer de mama registrado en la National Cancer Database de Estados Unidos. El trabajo estudia qué ocurre con la supervivencia cuando las pacientes usan medicina complementaria y alternativa (CAM por sus siglas en inglés) además o en lugar de los tratamientos oncológicos habituales: cirugía, quimioterapia, radioterapia, hormonoterapia e inmunoterapia (Ayoade et al., 2026).

Las mujeres que rechazaron por completo la medicina basada en pruebas y utilizaron solo las mal llamadas «terapias alternativas» tuvieron una mortalidad muy similar a la de quienes no recibieron ningún tratamiento.

En cambio, las pacientes tratadas solo con terapias médicas estándar alcanzaron una supervivencia a cinco años claramente superior.

Lo más llamativo es que incluso las mujeres que combinaban tratamiento médico y «terapias alternativas» presentaban un 45‑50% más riesgo de morir que aquellas que seguían únicamente la pauta oncológica recomendada, incluso tras ajustar por edad, comorbilidades y otros factores.

Riesgo relativo de morir por cáncer de mama tomando como referencia (1,0) a las pacientes que siguen únicamente el tratamiento oncológico estándar durante 5 años. Usar solo «terapias alternativas» multiplica el riesgo de muerte hasta valores muy similares a no tratarse en absoluto. Incluso cuando se combinan con el tratamiento médico, si eso implica sustituir partes del tratamiento oncológico, el riesgo de morir aumenta de forma clara.

Por lo que, podemos deducir, muchas pacientes de este grupo, en la práctica, estaban sustituyendo partes esenciales de su tratamiento por alternativas sin eficacia, o lo que es lo mismo, decidieron que parte del tratamiento médico podría ser sustituido por tratamientos alternativos y, así, perder la eficacia total del tratamiento con evidencia. También cabe pensar que algunas de estas pacientes estaban utilizando terapias llamadas alternativas junto a su tratamiento oncológico, y que estas prácticas podían interferir con la terapia estándar, ya fuera por posibles interacciones químicas no deseadas o por la creencia errónea de que todo lo ‘natural’ es necesariamente inocuo.

A menudo, las «terapias alternativas» se usan como coartada para evitar los componentes más duros del tratamiento estándar. Una paciente puede aceptar la cirugía, pero rechazar la quimioterapia porque en Instagram o TikTok alguien le ha prometido los mismos resultados con medicina ortomolecular o dietas milagro. O puede recibir quimio, pero prescindir de la hormonoterapia o de la radioterapia porque ya se cuida con suplementos naturales, lo que lleva al traste cualquier tratamiento, tanto por su defecto como por la posible interferencia de aquello alternativo con el procedimiento oncológico.

Esto encaja con lo que ya sabíamos por estudios previos: quienes optan por «terapias alternativas» en lugar de tratamientos eficaces tienen un riesgo mucho mayor de morir. Por ejemplo, un análisis de pacientes con cáncer publicado en 2017 mostró incrementos de mortalidad de hasta un 470% en cáncer de mama, 360% en cáncer colorrectal y 150% en cáncer de pulmón cuando se elegían pseudoterapias en vez de tratamientos oncológicos (Johnson et al., 2017).

El nuevo estudio de JAMA Network Open también confirma otra realidad: el uso de «terapias alternativas» está muy infradocumentado en las historias clínicas (Wilson, 2026). Sabemos por otros trabajos que entre un 30% y un 50% de los pacientes oncológicos emplean alguna forma de medicina alternativa (Ernst et al., 1998; Sanford, 2019; APETP, 2019), pero apenas una fracción aparece reflejada en los registros. Incluso, Javier Serrano, presidente de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), que podéis encontrar en el artículo de APETP (2026) señala en el programa televisivo Equipo de Investigación que entre un 60% y un 65% de los pacientes con cáncer recurre a algún tipo de pseudoterapia a lo largo de su proceso, y que ese porcentaje no deja de crecer. Eso significa que el problema puede ser mucho mayor de lo que se ve en las bases de datos.

¿Por qué tanta gente se aferra a estas propuestas a pesar de los datos? En parte por el razonamiento motivado: la quimioterapia es dura, asusta y tiene efectos secundarios evidentes, mientras que las pseudoterapias se presentan como naturales, suaves y bajo el envoltorio seductor de la esperanza y el control. Si alguien te dice que puedes curarte solo con una dieta anticáncer o con megadosis de vitamina C, es tentador creerlo, sobre todo cuando estás desesperado.

Sin embargo, la realidad es que la medicina basada en pruebas no promete milagros, pero sí ofrece probabilidades crecientes de supervivencia. Al abandonar o recortar estos tratamientos en favor de alternativas sin evidencia, se pierde una oportunidad terapéutica que, en cáncer, puede ser literalmente la diferencia entre vivir o morir.

¿Significa esto que todo lo que se etiqueta como complementario es dañino? No necesariamente. Prácticas como el ejercicio adaptado, determinadas técnicas de relajación, apoyo psicológico, grupos de pacientes o masajes para aliviar síntomas concretos pueden tener un papel para aliviar síntomas concretos, siempre que no sustituyan ni interfieran con el tratamiento oncológico estándar. El problema surge cuando la etiqueta complementaria encubre, en la práctica, la decisión de abandonar terapias que sí salvan vidas o interfieran con ella.

Defender a los enfermos no es negar su derecho a decidir, sino garantizar que esa decisión se toma con información honesta y basada en datos, no en promesas infundadas.

Si tú o alguien cercano estáis afrontando un cáncer y os planteáis recurrir a «terapias alternativas«, la recomendación más prudente es sencilla: preguntar abiertamente con el equipo oncológico antes de cambiar nada. Preguntad qué prácticas pueden ser compatibles como complemento sintomático y cuáles suponen un riesgo real de que perdáis opciones de tratamiento. En cuestiones de supervivencia, la peor alternativa es dejarse llevar por cantos de sirena que la ciencia ya ha demostrado peligrosos.


Bibliografía

APETP (2019). Primer informe sobre fallecidos a causa de pseudoterapias en España. https://www.apetp.com/wp-content/uploads/2019/03/Informe-pseudociencias-2018.pdf

APETP (2026). Equipo de Investigación: Cáncer S.L. https://www.apetp.com/equipo-de-investigacion-cancer-s-l/

Ayoade, O. F., Caturegli, G., Canavan, M. E., Resio, B. J., et al. (2026). Use of complementary and alternative medicine in the management of breast cancer. JAMA Network Open, 9(3), e260337. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12954545/

Wilson, F. P. (2026). Las tasas de mortalidad son más altas con las terapias “alternativas” contra el cáncer. Medscape en español. https://espanol.medscape.com/viewarticle/tasas-mortalidad-son-m%C3%A1s-altas-terapias-alternativas-2026a10007wn

Johnson, S. B., Park, H. S., Gross, C. P., & Yu, J. B. (2017). Use of alternative medicine for cancer and its impact on survival. Journal of the National Cancer Institute. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28922780/

Sanford, N. N., Sher, D. J., Ahn, C., Aizer, A. A., & Mahal, B. A. (2019). Prevalence and nondisclosure of complementary and alternative medicine use in patients with cancer and cancer survivors in the United States. JAMA Oncology, 5(5), 735–737. https://jamanetwork.com/journals/jamaoncology/fullarticle/2730130

Ernst, E., & Cassileth, B. R. (1998). The prevalence of complementary/alternative medicine in cancer: A systematic review. Cancer, 83(4), 777–782. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9708945/

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